Madrid, corre el año 1994. Es la época de la guerra en Bosnia, el mundial de fútbol en EEUU, es popular el presidente Bill Clinton junto a Boris Yeltsin, presidente de Rusia. En España,
el país sufre una crisis económica, en esta época se ponen en marcha las primeras privatizaciones, el nacimiento de las ETT’S y el sistema educativo LOGSE. El tema estrella en los medios de comunicación
es la fuga de Luís Roldán, exdirector de la Guardia Civil. Son éxitos en taquilla películas como “La Máscara” o “Forrest Gump”, se ven series como “The Fresh Prince Of Bel-Air”
o “Melrose Place”, está en auge el movimiento ‘grunge’ y en España el fenómeno clubbing conocido como la Ruta del Bakalao.
En medio de esto se encuentra Paolo, un chico corriente de 21 años que vive con sus padres en el barrio
de Usera. Paolo trabaja como repartidor de pizza en Pizza World desde que acabó 3º de BUP, es un chico normal, de carácter tranquilo aunque bastante fiestero. Físicamente es de estatura media, pelo a
tazón, delgado. Casi siempre va vestido con su chaqueta bomber, su chándal típico y zapatillas J’Hayber, muy sencillo el chaval. Paolo siempre ha querido montar algún negocio relacionado con la
informática pero no descarta regentar una discoteca. Como todo varón, aspira a conocer alguna fémina para casarse y esas cosas. Se preocupa por su entorno pues su ambiente es muy solidario, colabora de
vez en cuando con la iglesia del barrio, para Cáritas o eso del domund, al igual que su entorno suele pasar de patrias, no sabe ni por qué, simplemente no lo ve algo relevante. Es muy mañoso con la electrónica,
sobre todo con los ordenadores, maneja a la perfección Windows 3.1, aunque aun no tiene ordenador en casa. Cultural y musicalmente es un chaval algo “makinero”, pero no hace ascos al rap tipo 2 Pac o bandas como
Nirvana o Red Hot Chili Peppers.
El día 12 de Septiembre es un día especial para Paolo, esa misma mañana se levanta tranquilamente, ya que hasta por la tarde
no tiene que ir a repartir. Se viste, desayuna y se termina de preparar mientras tiene la radio puesta. La casa de Paolo es una casa pequeña, en su habitación tiene su cama, la mesilla (donde está su despertador electrónico), una televisión pequeña,
un video VHS y debajo la consola SNES, en las paredes tiene colgados algunos vinilos de música dance y un poster de Pulp Fiction. El pasillo de la casa es corto, la cocina no tiene nada de especial, hay una mesa para
comer. En el salón está el sofá, una mesilla pequeña, los clásicos muebles y una televisión más grande. Cuando está listo Paolo, coge el walkman que está en la
mesa del salón y se va.
Paolo se dedica a hacer sus labores sociales habituales y después se va a ver a Rebeca.
Paolo ha quedado con ella para hablar de sus cosillas (flirteos), y de cómo se presenta éste fin de semana, parece que tienen una
relación algo especial. Rebeca tiene 20 años, está estudiando medicina en la universidad, es una chica sencilla, pelo largo negro, poco maquillada, viste muy corriente: vaqueros, camisetas,
colgantes y muñequeras. Es sensata, la voz de la conciencia del resto de su entorno, aunque luego la va el jolgorio nocturno como al resto, también se preocupa de los demás. Quiere acabar la carrera y
luego lo que surja, tiene un novio llamado Silvio, aunque éste es un broncas y como pareja dan mala imagen, y por otro lado está Paolo…
El sitio donde se encuentran Paolo y Rebeca es un banco en la calle, se ven pintadas en las paredes y coches aparcados. Ellos comentan que se hará
esta noche, si se verán o no, Paolo pregunta a Rebeca si aparecerá con Silvio, ella dice que si. Poco después se despiden, y mientras se alejan Paolo dice en bajo: “puto Silvio!!”.
Ya a media tarde, Paolo se encuentra con sus amigos en un descampado donde ellos tienen aparcado el coche, se ve al fondo alguna fábrica o nave abandonada.
Está esperando primero Mauri, aparece un coche de donde sale Balta y luego llega Paolo en moto. Se conocen desde hace mucho tiempo, quizá desde niños, Mauri y Balta son amigos que se llevan muy bien pero
son antagónicos en cuanto a sus modos de vida.
Mauricio (Mauri) es un tipo tranquilo, muy asentado y bonachón, es el más mayor del grupo con sus 23 años. Tiene una relación de noviazgo estable con
Laura desde hace ya varios años y piensan en casarse en breve. Mauri es un tipo simpático, corpulento y con un poco de melena, viste con camisas de cuadros y vaqueros o pantalones de pinzas. A Mauri le gusta
el fútbol, aunque no se desvive por ningún equipo, y si tiene algo mejor que hacer pues no ve un partido. Es un tipo muy de rutinas, sale del trabajo (industria), llega casa, ve a la novia, y si acaso sale por
ahí es un poco por ella. En cambio Baltasar (Balta) es un veleta, anda por ahí con varias mujeres (o exagera de ello). Es muy alocado, es el que más vive la fiesta de la época, un apasionado
del bakalao y las pastillas. Viste con camisetas ajustadas, sus gafas y su tupé rubio, muy chuleta el tío. Pero buena gente y ejerce de muy buen colega, animando al resto.
Paolo, Mauri y Balta comienzan su conversación en el descampado, en la mayoría de la conversación abundan las risotadas mientras
escuchan bakalao gracias al “superloro” que tiene Balta en el coche. Después aparece Laura, la novia de Mauri, está algo cabreada, tienen la típica pelea de pareja de la que se ríen los amigos.
Laura es de la edad de Paolo, una muchacha con voz chillona pero divertida.
Es administrativa, para sacarse el FP recurrió a las anfetas. Laura es una chica sencilla aunque es más coqueta que Rebeca. Tiene un color de pelo caoba, en él se suele hacer la permanente como muchas
chicas de su edad, viste con faldas o mallas. Es algo bajita y tiene facciones suaves, tiene pinta de poquita cosa pero luego tiene la voz cantante. La teme su novio e incluso el resto de los chicos, pero dentro del humor
que tienen entre ellos.
Finalmente, poco antes de dispersarse, la pandilla queda para esa noche y Balta comenta que van a pillar unas pastillas a Jandro, un camello que
Balta conoce. A Mauri no le hace mucha gracia la idea de las pirulas, a Laura en cambio si, y a Paolo le da un poco igual. Quedan todos en verse a las doce y media de la noche. Mientras llega la hora, Paolo se va a repartir
pizzas, Mauri y Laura hacen su vida de pareja y Balta sigue con sus trapicheos.
Llega la noche, Paolo se prepara para salir, cuando sale al salón ve a sus padres sentados en el sofá viendo un programa de chistes
en el cual aparece Chiquito de la Calzada, es la estrella televisiva del momento. Los padres de Paolo tienen 45 años, Víctor es camionero y Rita es ama de casa, son muy convencionales y bastante humildes. Víctor es
un señor orondo, con pelo canoso y Rita es una señora de baja estatura que suele ir en bata. Se despiden de su hijo y le preguntan que a que hora llegará, Paolo dice que no sabe, que según como
salga la noche. Sus padres le dicen que tenga cuidado, que no beba mucho, Paolo coge el walkman y se va.
Paolo llega a la discoteca para presentarse a la cita con sus amigos. La discoteca se encuentra a las afueras de Madrid, cerca de la carretera. No se contempla ninguna construcción
alrededor de la discoteca, al lado están los aparcamientos donde la gente bebe. Paolo se encuentra con Balta en la puerta del garito, se saludan y deciden buscar a Jandro. Justo en ese momento aparece Rebeca con su
novio Silvio, Paolo y Balta saludan a Rebeca mientras Silvio pone cara de mala leche.
Silvio es un tío chungo, bastante agresivo que va pegando gritos a la mínima de cambio. Es alto y fuerte (lo que asusta a Paolo), tiene vaqueros ajustados, camiseta
corta y un cinturón ostentoso. Lo que le mueve es ser popular y que todo el entorno esté a sus pies, a Rebeca la tiene en la palma de su mano, lo que le molesta a Paolo.
Paolo y Silvio tienen entre ellos miradas de odio en el momento en el que se encuentran fuera de la discoteca. Balta, que ya va algo borracho, se
mofa un poco de Silvio y éste se encabrona mas todavía amenazándolo con pegar a Balta, Rebeca suaviza la situación y mete a Silvio hacía el interior de la discoteca. Paolo se indigna pero
Balta le convence para que se olvide de los malos rollos y busquen a Jandro, que es lo que interesa de la noche. Dando una vueltecilla, Paolo y Balta encuentran a Jandro en la parte trasera de la discoteca, estos le piden
la droga disimuladamente. Jandro va con ropa ancha y gorra, es rapero y por lo visto, incluso tiene alguna maqueta, pero se gana la vida con el trapicheo. En el momento en el que Jandro espera a alguien,
siempre está jugando a la GAMEBOY, y no atiende mucho al entorno, lo que hace que para el resto sea algo antisocial. Jandro da a Balta la bolsa de pastillas, el camello les dice (mientras tiene la vista en la GAMEBOY)
que estas pastillas se llaman “delorean” y que son muy fuertes.
Paolo y Balta se adentran en la discoteca, en la pista de baile hay gente muy diversa, con distintos cortes de pelo y vestimentas. En el interior
de la discoteca hay muchos juegos de luces y se respira un ambiente alocado debido al éxtasis, Balta y Paolo se ponen frenéticos y comienzan a dar saltos en la pista mientras suena la atronadora música
conocida como “makina”. Poco después se encuentran en la barra a Mauri y Laura tomando unas copas, detrás de ellos están Rebeca y Silvio. Esto no le hace mucha gracia a Paolo y se va él solo
un poco cabreado al servicio después de irse a pedir una copa. Antes de entrar al baño, en el pasillo, se encuentra con Amanda, una chica que ronda a Paolo, con fama de facilona, rubia, muy maquillada
y vestida de cuero con un generoso escote. Paolo no se lo piensa dos veces y se la lleva para el baño. Mientras en la pista, el resto están bailando. En algún salto o movimiento brusco, a Balta se le cae
la bolsa de pastillas, o por lo menos no la encuentra cuando va a tomarse su parte. Por otro lado, Paolo tiene sexo en el retrete con Amanda. Cuando acaban y salen del servicio, justo se encuentran a Rebeca en el pasillo,
ésta se mete en el aseo de mujeres con los ojos llorosos. Mientras Balta, preocupado por no encontrar las pastillas, le dice a Mauri y a Laura que las busquen desesperadamente. Justo tiene la bolsa precisamente quien
no tiene que tenerla, la tiene Silvio. Balta se encara a Silvio y le exige que le devuelva la bolsa. Comienzan a forcejear, las chicas y Mauri intentan separarlos, pero en medio de la multitud la bolsa cae al suelo mientras
se desparraman las pastillas. Paolo entra en ese momento en la pista y coge una pastilla del suelo y le dice a Silvio: “Ahora te jodes que yo por lo menos me la voy a comer”. Entonces, Paolo engulle la pastilla y comienza
a bailar con Amanda (mientras mira a Rebeca). Balta se tira por el suelo a ver si ve otra pastilla pero todas están pisadas y no es tan yonki como para lamer el suelo, aunque se queda ahí tirado. Mauri y Laura
le miran con cara de imbécil. Poco después, Paolo se reúne en la pista con sus amigos y comienza a moverse de forma esquizofrénica, poco habitual en él, el resto se queda extrañado
al verle así. La pastilla “delorean” le está subiendo a Paolo, la visión de éste comienza a distorsionarse, las caras de sus amigos empiezan a emborronarse ante él, mezclándose
las imágenes con el juego de luces entre sí, haciendo formas raras en su mente. Llega hasta tal punto que solo ve colores con una luz muy fuerte. En cuanto al sonido, se distorsiona progresivamente a la vez que
la imagen, la música techno que se oye en la discoteca va mutando en sonidos extraños. Todas estas sensaciones hacen que a Paolo le duela fuertemente la cabeza y caiga al suelo. Mientras está tirado por
ese fuerte éxtasis, Paolo tiene los ojos cerrados, los sonidos que escucha van transformándose en una música desconocida, electrónica rara, con una especie de ritmos caribeños. Paolo se levanta
del suelo mientras su visión comienza a restablecerse e identifica formas de figuras humanas y la pista de baile.
Al ir recobrando la visión, Paolo se va dando cuenta que su entorno a cambiado, observa que es el mismo lugar pero que sus elementos son
distintos. No encuentra a sus amigos por ningún lado y hay otra gente diferente, los hombres van vestidos muy pijos para Paolo, todos llevan camisas blancas y el pelo muy corto, si acaso hay alguno que otro con una
extraña cresta acabada en una afilada punta. En cuanto a las mujeres, Paolo no da crédito a lo que está viendo, parece como si de repente todas estuvieran buenísimas, enseñando de todo, minifaldas
muy cortas, bastante por encima del muslo, piensa: parece un cinturón!! Ultramaquilladas, con cuerpos perfectos, como si fueran de plástico, para Paolo es como si hubiera muchas Amandas exageradas por toda la
discoteca. Pero Paolo no se preocupa de eso en ese momento, siente un ambiente raro, no hay nadie que conozca, también ha cambiado la decoración de la discoteca, hay varias pantallas finas y objetos que brillan,
como neones. Paolo ante esta extraña situación se pone nervioso y se quiere ir, además la música rara que están poniendo le parece insoportable, con voces de chulo latino. Y lo peor es que
Paolo no encuentra su chaqueta, ahí estaba la documentación y aparte el walkman, lleva encima solo las llaves de casa, y no tiene nada de dinero.
Paolo decide salir fuera, a ver si se encuentra con alguien conocido. Cuando sale al exterior, aparecen ante él mogollón de pisos
y pisos, no reconoce el lugar en donde está. Se da la vuelta, mira la discoteca y ve que está pintada de otro color, hay muchos coches aparcados muy llamativos, como ovalados, Paolo piensa: “¡Qué mierda
psicotrópica me he metido!”. Se orienta algo y mira al final de la calle e intenta volver por ahí a su casa. A medida que iba avanzando iba reconociendo el entorno, empezaba a amanecer y Paolo iba poco a poco
llegando a su barrio, aunque encuentra algunos elementos distintos, las marquesinas de espera al autobús son distintas, y hay otros establecimientos. Paolo sube a su casa y solo piensa en dormir, se mete corriendo en
su habitación y se acuesta.
Varias horas después, hacia el mediodía Paolo se despierta, no percibe en su cuerpo ningún tipo de resaca ni malestar, se siente
perfectamente. Su habitación está igual que siempre, pero se extraña, porque encima de su mesilla hay unas velas, un retrato enmarcado suyo, y también está su DNI. A Paolo algo no le cuadra,
lo más fuerte es que está colgada su chaqueta bomber, como si nada. Paolo pensó que probablemente se empara noyó con el pedo que tenía, que tendría frio por la calle y esa sensación
le haría pensar que no tenía la chaqueta puesta. Después sale al salón a ver la tele, pero la tele es otra, una pantalla muy fina, muy fina y con una nitidez alucinante. Cuando enciende el televisor
están poniendo en ese momento unos informativos que Paolo no conoce, que habla de muchas desgracias: más paro, desahucios, corrupción, enfrentamientos políticos y desequilibrios sociales más
fuertes que los que Paolo recordaba. Mientras Paolo ve flipando la televisión se levanta su madre, Rita entra en el salón diciendo: “¿Quién anda ahí?”. Según ve a Paolo se pone a chillar
y se desmaya, justo en ese momento, en las noticias aparece rotulada la fecha del día, es 13 de Septiembre, pero de 2014!!!!
Se madre estaba 20 años más vieja, pero con la misma bata, Paolo empezó a tomar consciencia de lo que estaba sucediendo, había
viajado 20 años hacia al futuro, habría sido la pirula?? Le pareció completamente surrealista y que debía estar soñando. Intenta llamar a una ambulancia, pero el número no corresponde.
Luego se da cuenta que hay un aparato que contiene una luz de emergencia, de color rojo y está parpadeando. De repente suena una voz de mujer que dice que cual es la urgencia, Paolo dice que su madre está inconsciente,
la operadora manda una ambulancia para allá. Por lo visto Rita tenía un colgante puesto que estaba conectado a ese aparato que avisaba al hospital. Mientras llega la ambulancia, Paolo decide llamar a algún
amigo suyo, el primero que se le ocurre es Mauri, marca el número pero le dicen que se ha equivocado. Luego llama a Balta, este si coge el teléfono y dice: “¿si, quién es?”, y Paolo le contesta: “Tu,
que soy Paolo, dime que coño está pasando o si esto es una broma de cámara oculta supercurrada”. A Balta le parece que la broma se la están gastando a él, por lo visto Paolo lleva hoy justo
20 años desaparecido, así que Balta enfadado le cuelga. Paolo sale de su casa antes de que llegue la ambulancia a recoger a su madre, se va a ver a Balta.
Mientras camina por el barrio va asociando todo lo que ve al futuro, todo está modernizado, distinto. Se sorprende al ver bastantes individuos de diferentes etnias, luego ve a chicos y chicas
con el aspecto parecido a lo que vio en la discoteca. Muchos de ellos llevan aparatos electrónicos, algunos conectados con cascos y otros son como una especie de teléfonos móviles pero minúsculos.
Paolo lo reconoce como teléfono móvil porque ponen la oreja en él, pero hay otros que no, que el individu@ mira la pantalla y teclea en ella, parecido a una consola portátil pero sin botones, eso
es también un teléfono. Paolo no lo entiende, se altera y se va corriendo hacia casa de Balta.
Una vez sube y llama a la puerta, Balta la abre y no se lo puede creer, es Paolo, su amigo que no ve en 20 años. Sobre todo, lo que más
le llama la atención es que Paolo está igual que como recordaba, incluso la misma ropa. En cambio Paolo ve a su amigo con 42 años, un poco cascado y vestido con ropa más seria. Entran en casa de Balta y Paolo ve por primera vez una casa acorde con el siglo XXI (la suya no había
cambiado mucho en estos años). Balta le hace preguntas básicas sobre ellos todavía incrédulo, y Paolo las responde, luego Paolo le cuenta que de repente se encontró en el futuro. Balta le
dice a Paolo que él desapareció, que cuando se cayó al suelo no lo encontraron, solo vieron la chaqueta y se la llevaron a su casa al día siguiente, pero Paolo no había aparecido por casa
y seguía sin aparecer. La policía lo investigó, pero no encontró ninguna pista, fue un caso muy notorio en “Quien Sabe Donde” y que nunca se resolvió. Sin embargo, Balta tenía
una descabellada hipótesis que nunca contó a nadie, basada en que a él le podía haber ocurrido lo mismo. Por lo visto, aquella noche Balta si fue tan yonki como para lamer el suelo de la pista de
la discoteca y desapareció similarmente a Paolo. Pero Balta apareció poco después, el resto lo notó como si hubiera estado ausente un rato. La teoría que Balta daba por loca insinúa
que el salto de distancia en el tiempo es proporcional a la cantidad ingerida de aquella droga (Balta: unos pocos miligramos mezclados con la mierda que había en el suelo/unas horas, y Paolo: una pastilla entera/20
años). Después de hablar del insólito conflicto, Balta enciende el ordenador y se mete en internet para buscar información. Lo de “meterse en internet” es una cosa novedosa para Paolo pero algo
muy cotidiano para todos los demás. Paolo aun no puede concebir todo lo que significa internet en esta época. Sin embargo no encuentran mucha información sobre viajar en el tiempo con una droga, si acaso
rumorología.
Luego esa tarde, Balta y Paolo fueron a ver a Mauri y a Laura que llevaban muchos años casados, viven en un chalet. Balta los citó
en un bar de tapas, como homenaje al vigésimo aniversario de la muerte de Paolo,
pensaba darles una inédita sorpresa. Cuando llegan al bar, Paolo se esconde para dar la sorpresa. Llegan Mauri y Laura, lógicamente, cuarentones, un matrimonio consolidado, vienen con sus dos hijos. Mauri es
el típico padre de familia, con un buen puesto, muy futbolero, no se pierde ni un evento, sobre todo si es de “la roja”, es el nombre que tiene la selección española en esta época. En los últimos
años, dicha selección ganó un mundial y dos eurocopas (Paolo tiene como reciente el fracaso en USA 94). Laura es una señora madura, que va muy moderna para la edad que tiene, lleva el pelo teñido
con mechas y viste vaqueros ajustados, para Paolo parece más joven de lo que es pero para el resto esa imagen es normal. Vienen con ellos sus dos hijos adolescentes, Juanqui y Cyntia. Juanqui es un chaval de 14 años, con pelo corto, muy común, va vestido
con un chándal cuyas franjas tienen los colores de la bandera de España. Cyntia tiene 16 años, con pelo largo, liso y flequillo igualado, muy maquillada, con unos enormes pendientes de aros.
Paolo escondido observa como ambos hermanos también están atentos a esos artefactos con pantalla táctil, era como si la mayoría
estuviera ausente, supeditado a eso.
Paolo sale a descubierto y Mauri y Laura quedan estupefactos, los hijos de estos piensan que son unos frikis y siguen a su rollo. Al final, mientras
toman unas tapas, Mauri y Laura acaban asimilándolo y luego hacen sus coñas referentes al fantástico suceso, los hijos los miran nuevamente mal, como si fueran ridículos, y siguen a su rollo.
Paolo vuelve a su casa y se dedica a cuidar de su madre, se entera de que su padre murió, Víctor falleció en 2004, a causa
de un infarto. Paolo se dedica a buscar trabajo pero la cosa está muy difícil, hay mucho más paro que en la época de Paolo y pintan el futuro del país muy negro, además no puede solucionar
su problema de edad/identidad, por lo tanto no sabe que hacer. Intenta contactar con Rebeca por medio de una red social, para Paolo es muy violento que puedan saber de tu vida mirando al ordenador, comienza a comprender el
por qué de ciertas actitudes como la superficialidad que percibe. Por lo visto, Rebeca se ha enterado por alguno que Paolo ha aparecido y va corriendo a casa de Paolo a finales de septiembre.
Llega Rebeca a casa de Paolo, la abre la madre y la dice: “Entra al salón y le verás”. Está Paolo jugando alucinado a la
consola de esta época (se maneja con un sensor de movimiento) y cuando la ve entrar a Rebeca. tira el mando al suelo ante el shock de verla mas vieja. Rebeca es una señora divorciada, de Silvio. Éste entró
en la cárcel un tiempo porque al principio fue acusado de estar implicado en la desaparición de Paolo, después de haber dejado embarazada a Rebeca. Rebeca tiene un hijo que tiene exactamente 20 años,
cuando Silvio salió de la cárcel se casó con Rebeca pero después, ya en la década de 2000 éste volvió al trullo por maltrato. Rebeca tiene una apariencia sencilla, es más
discreta y parece muy centrada. Se emociona mucha al ver a Paolo, él también a ella, pero es muy raro ahora el tema de la diferencia de edad, Paolo preferiría volver atrás en el tiempo para conquistarla.
Rebeca presenta a su hijo Pablo, un chaval corriente, algo solitario y fracasado con las mujeres, tiene una estética diferente a los de su edad, parecido a Paolo. A Paolo le cae muy bien y se
hacen muy amigos, salen por ahí juntos y aprenden entre sí sus conocimientos y filosofías de la vida. Incluso Paolo se plantea la posibilidad de que fuese su propio hijo, ya que aunque Rebeca fuera una
estrecha con él, alguna vez si tuvieron sexo esporádico.
Ya en octubre, Paolo y Pablo van una noche a la discoteca mítica, aunque en realidad van allí porque no hay otra cosa abierta tarde.
La crisis, las licencias nocturnas que se fueron desarrollando y el aumento de seguridad ciudadana fueron haciendo mella en la nocturnidad. Aparte, Paolo y Pablo están muy descontentos por la música que ponen,
pachanga por todos los lados, ellos van por las mujeres a hacer eso que llaman “perrear”.
Una vez dentro de la discoteca, ellos se toman unas copas y permanecen quietos, mirando a las féminas mientras comentan. Poco después
ven a Cyntia con algunas amigas, Pablo siempre ha ido detrás de Cyntia, actuando de pagafantas, ella siempre lo ha tenido como un primo, también primo como parentesco ya que sus padres son amigos. Paolo se fija
en el resto de las amigas, casi todas le miran con desprecio menos una, la menos llamativa. Al rato, Paolo hace una de las suyas, asqueado de la electro-pachanga, Paolo se cuela en la cabina del dj y le estampa un cubata en
la cabeza para poner un tema de sus tiempos, una canción llamada “El Hombre Máquina”. Al sonar la pieza. el público se vuelve loco, la gente grita despavorida, no entienden de eso. Después Paolo
y Pablo salen de la discoteca y Paolo observa los alrededores a ver si ve a algún camello pero ahora, entre los pisos hay aparcados varios coches de policía. Paolo y Pablo mientras andan hacia casa, tienen una
conversación sobre la Iglesia y ahí discrepan. Paolo defendía la labor social de la Iglesia, sin embargo Pablo se declaraba antirreligioso. Paolo no entiende por qué tanto odio y al día siguiente,
por curiosidad, va a retomar sus labores sociales pasándose por la iglesia de su barrio.
Una vez en la iglesia, se disponen a empezar la misa. Es una iglesia normal, de barrio con unos feligreses con pinta siniestra, con cara de lamentarse. Aparece el cura y empieza la misa, Paolo
no lo conoce, el párroco solidario con quien colaboraba se debió haber jubilado hace tiempo. En su lugar está este sacerdote, un señor bastante turbio, vestido como una remolacha que comienza
la misa hablando de las tinieblas y el fuego del infierno, enlazándolo con otros temas, satanizando a los homosexuales y haciendo hincapié en la sumisión de la mujer. Paolo quedó perplejo al escuchar
al cura, pensando si había viajado al futuro o al pasado. Ya llevaba tiempo mosqueado por el cúmulo de cosas que no asimila bien, sobretodo su mala adaptación al €. Así que Paolo decide que
le compensa mas encontrar la manera de volver al pasado y olvidarse de los i-phone, para ello, él y Balta se van a adentrar en los círculos de mafias para buscar alguna droga de retorno al pasado y avisar al
pueblo del futuro que se avecina.
Después de buscar varios contactos, finalmente encontraron una vía interesante. A mediados de octubre Paolo y Pablo quedaron con un
tipo en unas pistas de skaters, por un contacto de Balta (a diferencia del resto de la antigua pandilla, Balta siguió de fiesta varios años después de la desaparición de Paolo y aun conserva contactos).
La zona de skaters está un poco alejada de los tropecientos bloques de pisos
que componen ahora los barrios de Madrid, pero se ven al fondo, hay muchos tipos con ropa ancha haciendo gala del monopatín. Paolo les miraba con decepción, ya que esperaba que para esa época hubieran
inventado algo mejor. Al otro lado hay una red de voleibol donde hay muchos latinoamericanos jugando entre ellos, una imagen muy curiosa para Paolo.
Mientras esperan al camello aparece Cyntia, acompañada de una amiga que estaba en la discoteca aquel día (la menos llamativa). La
amiga se llama Alicia y va a cumplir 19 años, puede parecer poco atractiva pero tiene un encanto oculto. Su estilo es una mezcla de sencillez con morbo. A medida que Paolo entabla conversación
con ella, va sintiendo cosas parecidas a las que sentía por Rebeca, e incluso mejor y más intenso.
Poco después aparece el camello, un tipo alto, vestido con ropa ancha y lleva encima de ella muchos oros. Saca una tablet, una especie de
pantalla táctil grande y centró su vista en ella mientras preguntaba que querían. A Paolo le resultó familiar esa actitud combinada con la expresión de su cara, le recordaba a alguien…
Paolo pregunta al camello como se llama y éste responde sin apartar la vista de la pantalla: “Soy Jandro Jr.”. Entonces Paolo pensó que ese linaje era decisivo en su vida,
así que se decidió a la compra y pilló las pirulas a Jandro Jr. Pilla varias por si acaso se queda corta una unidad o por si Pablo le da el venazo y quiere acompañarle al pasado. Los pirulas son
más pequeñas, parecidas a los caramelos de marca smint. Paolo decide comer las pirulas ese fin de semana, aun están a martes y prefiere esperar al viernes (inconscientemente tiene dudas, se ha prendado
de Alicia y no está del todo seguro). Paolo y Alicia se han dado los números de móvil y demás cuentas electrónicas y se escriben en lo que queda de día. Entre el miércoles,
el jueves y el viernes Paolo y Alicia tienen varios encuentros, en los cuales surge una historia de amor, aunque no llegan al coito. El viernes por la mañana, en el banco de la calle (antiguo lugar símbolo de
Paolo y Rebeca), Paolo y Alicia tienen una discusión ya que Alicia no quiere que Paolo tome las pastillas, por su salud y por si lo pierde para siempre, por varios cacaos mentales. Paolo dice que se lo pensará,
y que de todas formas las pastillas las guarda Pablo. Así que hasta esa noche nada.
Cae la noche del 25 de Octubre del 2014, Paolo vuelve a la discoteca, con muchas dudas. Se ven en los aparcamientos Paolo, Alicia, Cyntia y Pablo,
éste último saca la bolsa de pastillas y se la da a Paolo. Se miran, no saben que hacer, Paolo se ha quedado bloqueado con la bolsa en la mano, pensando. En este momento llega la policía (era de esperar),
los detienen a los cuatro y los llevan para comisaria.
Una vez allí en comisaría, la nueva pandilla capitaneada por Paolo, está sentada en el banquillo de la sala de espera. Esta comisaría tiene sus sistemas de alarma automatizada y hay
poco bullicio con los presos. Esperan a que suelten a Cyntia (ella es menor y tendrán que venir sus padres), mientras. permanecen Paolo y Alicia abrazados, Pablo por su parte tiene miedo de ir a la cárcel, como
su padre. Mientras los policías hablan de malas maneras al grupo de chavales, por tener droga encima, aparece en escena la antigua pandilla: Mauri y Laura en responsabilidad de Cyntia, Balta y Rebeca para recoger a
Paolo y Pablo respectivamente. Rebeca regaña a su hijo y luego culpa por mala influencia a Paolo (al ver que Paolo se ha echado una novia tiene celos, con sus 40 años) Discuten acaloradamente junto con Alicia,
dándose un triángulo amoroso intergeneracional que se tira los trastos a la cabeza.
Irrumpe luego un policía alto, con casco, que viene a poner orden. Se quita el casco, se descubre su rostro, es nada más y nada menos
que Silvio. “Es un policía!!” “como puede ser??” “este mundo es de locos!!”, exclama Paolo. Por lo visto, Silvio hace algunos años que salió de la cárcel y paradójicamente ahora
es un policía corrupto.
Silvio se encara a Rebeca y la dice que si no la da vergüenza hacer el ridículo por un crio, se acerca a ella y hace un gesto de pegarla.
En ese momento, su hijo Pablo sale en defensa de la madre y Silvio le grita: “Hijo, esto es entre tu madre y yo”. Y de repente, de pura dicha, salta Paolo, muy rabioso: “Qué hijo ni que coño, yo soy su
padre y su mejor amigo, no ves que es clavadito a mi”. Todos quedan patidifusos al escuchar esto, hasta otros policías prestan atención a esta polémica. Rebeca comienza a reírse, y a decir que
eso es imposible, que no coincidían las fechas y que Rebeca estaba ya de varias semanas de embarazo cuando Paolo desapareció.
Rebeca se reía tanto de Paolo mientras lo contaba, que Alicia se enfadó bastante y fue a atizarla en defensa de la dignidad de su
novio.
Para más sorpresas, mientras Alicia se lía a puñetazos y patadas con Rebeca, entra una señora con un traje de
cuero muy elegante y dice: “Pero que haces niña??” “Alicia hija, deja en paz a esta señora” A Paolo esa mujer madura, con una buena delantera le resulta familiar. “No puede ser!!”, dice Paolo mientras
se queda sin respiración. Se da cuenta de que es Amanda y se teme lo peor… Se queda mirando a Alicia, la mira de forma rara y la pregunta (con una sonrisa de, me rio por no llorar): “¿Alicia, cuando naciste, si
puede saberse?”. Alicia responde asustada: “En mayo de 1995”
Paolo no sabe ya que hacer, si cortarse las venas o que, casi culmina el incesto con su hija, resulta que Alicia es fruto del polvo en aquel retrete.
Paolo está desolado, todos están callados al enterarse de semejante aberración.
Para colmo, un informe dice que las pastillas que tenían resultaron ser smints de verdad, después de todo Jandro Jr. era un mindundi
en comparación con su padre y fue engañado por las mafias cuando le pasaron los suministros de droga. Todos se van de la comisaria avergonzados.
En conclusión, Paolo se va con Balta para casa, y se va mentalizando que tendrá que quedarse en el futuro, con el dilema de haberse
enamorado de su propia hija.
En cuanto a las pastillas “delorean”, fueron formadas por pequeño material salido de nebulosas espaciales, que haciendo contacto con
compuestos químicos como el ácido sulfúrico, hace una reacción en el cuerpo del sujeto receptor que el propio organismo crea un agujero negro que lo envuelve y transporta en el tiempo a su materia.
Para retroceder en el tiempo, la pastilla debería tener compuestos químicos que invirtiesen la energía nebulosa, ¿quien sabe?, quizás esas pastillas también existan….
FIN
